Experimento: Idea Fija en video

Hoy se me ocurrió una idea y no pude dejar de llevarla a cabo: grabar el capítulo de Idea Fija de hoy en video y subirlo a YouTube. ¿Por qué? Simplemente porque YouTube es una red social mucho más conocida y utilizada que SoundCloud, y creo que esto me permitiría llegar a un público más grande.

Quería aprovechar de contarles que mi principal preocupación al grabar el video fue que sonara lo más parecido a los podcast de solo audio. Así que si notan alguna diferencia, háganmelo saber.

Ah, y otra cosa. No sé si lo siga haciendo. Quizás sea cosa de solo una vez, o quizás me entusiasme y lo siga haciendo por siempre.

Cuéntenme qué les parece.

Saludos,

—Alfredo R.

The OA · Una serie lenta y engrupida que me enamoró

En una época más cínica de mi vida (sí, hubo una aún peor, jajaja) hubiera odiado The OA y su mezcla de elementos místicos con un ritmo lento y una propuesta centrada en ser intrigante, entregándote solo algunas piezas del puzzle para engancharte para el próximo capítulo. Y no digo que ahora esta fórmula me guste. Hoy mismo sigo criticando a otras series por hacer lo mismo, pero algo me hace defender The OA. Algo que me hizo amar The OA.

Contar cualquier detalle respecto a la trama es hacer un spoiler, ya que la serie se trata de descubrir de qué se trata. Pero les puedo dar luces acerca de sus elementos principales para que se hagan una idea quienes no la han visto.

Lo primero que hay que saber es que la primera temporada es solo una pieza dentro de un puzzle mayor, así que no hay que pedirle que concluya ni que responda todas nuestras preguntas. Al mismo tiempo, y como segundo punto a tener en cuenta, hay que saber que la primera temporada es un puzzle en sí, o más que un puzzle, es como un pan de molde que se nos servirá rodaja a rodaja, en una dinámica narrativa pausada y concreta, en la que apurarse por tener las respuestas es ir en contra de la propuesta misma de la serie. En tercer lugar, hay que saber que es una serie en la que se opone la mirada racional y concreta de la ciencia a una filosofía mística de trascendencia, con elementos estéticos que me recordaron mucho a la película The Fountain, que a muchos puede no convencer, y que otros pueden disfrutar sin tomarla en serio, como simples elementos de fantasía. Y el que no te convenza esa mirada creo que atenta contra el peso mismo de la serie, ya que su mensaje habla de aprender a validar aquello que se le escapa a la ciencia y a la lógica.

Bueno, y en cuarto lugar, pero en absoluto en último, están los personajes. La protagonista, quizás el personaje cuya construcción sicológica me parece menos interesante, sostiene una historia apasionante y bien armada que lejos de molestar, atrae y te mantiene atento a cada una de sus palabras y gestos. El resto de los personajes, secundarios, me resultaron tan, tan atractivos. La serie se la juega en terrenos difíciles, trabajando arquetipos en los que es muy fácil caer en el cliché. Como botón les digo que tenemos a un personaje matón de secundaria o bully, a una profesora solterona solitaria y a un joven que es excelente alumno y que se hace cargo de sus hermanos y de su mamá alcohólica mientras trabaja y estudia al mismo tiempo. Personajes tristes y heridos que la serie trata con tal cariño que logra desarrollar en profundidad sin necesidad de alejarse del arquetipo que representan. Es difícil explicar con palabras, pero, por ejemplo, la serie te hace querer a un matón de colegio sin necesidad de mostrarte otros aspectos lindos de su vida, sino que invitándote a entender la problemática emocional que atraviesa.

No sé como recomendar esta serie. Ni siquiera sé si recomendarla, porque tengo la impresión que puede ser un gusto medio raro. Pero escribo este texto como pequeño homenaje a una serie que con solo una temporada se ganó mi corazón, y aprovecho de invitar a quienes quieran aventurarse a verla, a hacerlo disfrutando los detalles. Porque la genialidad de The OA están en los detalles, pequeñas joyitas que resultan fáciles de pasar por alto si solo nos centramos en saber qué ocurre.

La primera temporada nos da las respuestas que buscamos, y plantea nuevas preguntas para la próxima. Si tenemos suerte, y la serie se sigue desarrollando de forma saludable, probablemente contaremos con todas las respuestas importantes. Pero si quieres disfrutar la serie, lo mejor es no hacerse tantas preguntas y escuchar, porque hay un relato entretenido y apasionante que nos quieren contar. Pero paso a paso, para que así no nos perdamos de ningún detalle.

—Alfredo R.

Black Mirror · Un espejo demasiado oscuro

Está claro que Black Mirror es una de las mejores series que nos ha entregado la última década. Y no es poco decir, ya que esta década quizás se le pueda llamar la década de oro de las series, ya que hemos podido acceder a una enorme cantidad de series de primer nivel, situación impensada hace 15 o 20 años. Y dentro de este increíble momento que viven las series de TV, Black Mirror destaca como una joya, que a nivel personal me toca, me interpela, me remueve, pero irónicamente me hace preguntarme si debería verla.

Futuro presente
Black Mirror es una serie de ciencia ficción ambientada algo así como “15 minutos en el futuro”. Cada capítulo construye, con historias independientes y personajes nuevos, una imagen de un futuro que no es más que el presente en el que estamos viviendo con algún aspecto específico del hoy exacerbado al máximo. Un mundo en el que podemos grabar todo lo que vemos, donde se puede emular el comportamiento de una persona según toda la información que podemos encontrar en internet y una sociedad que se construye sobre la evaluación que recibimos en nuestras redes sociales son algunas de las premisas sobre las que se construyen historias potentes, reflexivas, agudas, pero sumamente pesimistas y hasta deprimentes. Y es en ese punto donde topo justamente.

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Buenas razones para no verla
Quiero ver Black Mirror, pero me deja mal. Porque no hace más que retratar el lado pobre, miserable, triste y esclavo del hombre. Me hace preguntarme si realmente los creadores de la serie tienen esa visión de la humanidad, si están queriendo advertirnos a través del miedo o si es solo un recurso estético para hacer ver a la serie como adulta, sofisticada y seria. La verdad es que no estoy de acuerdo con las razones que motivarían cualquiera de estas tres posibilidades. Una visión pesimista de la humanidad me parece incompleta e infantil. Tratar de meterle miedo a la gente para que cambie me parece un método pobre. Y para qué voy a comentar la tercera. Y entonces, si me quedara solo con ese aspecto negativo de la serie, quizás no recomendaría ver Black Mirror, ni tampoco la vería yo. Pero creo que algo más hay ahí.

El lado bueno de lo malo
Si bien no comparto la forma de resolver cada capítulo, creo que la serie sí tiene un tremendo valor, y ese valor está en la reflexión. Aunque la conclusión no me guste ni me sirva, el centro del drama, de la tensión, del conflicto del que se está hablando me obliga a reflexionar, a poner atención y me ayuda a hacerme consciente. Y es esa la razón por la que creo que vale la pena ver la serie. No por la oscuridad, no por la seriedad, no por la sofisticación, sino por la calidad de la reflexión.

Vale la pena continuar, pero con cautela
Llevo recién 2 capítulos de la nueva temporada (ahora producida por Netflix) y no pretendo hacer una maratón. Personalmente (e irónicamente) me atrae muchísimo lo depresivo y oscuro, más aún si es inteligente y está tan bien resuelto. Pero es un hecho que anímicamente me hace muy mal. Por eso veo Black Mirror atento. No solo a la reflexión que me genera sino también a como me impacta anímicamente. Cuestión de autocuidado que quizás me haga parecer blando y emo (y no pretendo contradecir a quien lo piense). Pero a veces es bueno separarse un poco de esa pantalla negra que tanto nos atrae, porque, tal como dice la serie, ese espejo donde amamos sentirnos reflejados puede terminar convirtiéndose en nuestra prisión.

—Alfredo R.

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¿Cómo armos el mono?

En el canal de Youtube de La Barbería subí el primer capítulo de Armando el mono, un programa que estoy haciendo con el ilustrador Rafa Cuevas donde hablamos de las dificultades de vivir una vida fuera del formato establecido por nuestro entorno. Un camino desafiante en el que tenemos que encontrar la forma de armar un mono que funcione y nos permita hacer aquello que tanto amamos.

A continuación les dejo el primer capítulo:

Espero que lo disfruten, pronto vendrá el capítulo 2.

Saludos,

—Alfredo R.

 

Locura de podcasts

El culpable de todo es Viñetas Demente, y es que haciendo radio descubrí que hacer radio me gusta muchísimo. Sentarse frente al micrófono y simplemente hablar y entregar algo que pudiera servirle a alguien, buscando simplemente conectar, entretener y aportar, me parece alucinante.

La Repizza, Cualquier Cosa y el canal de Youtube (los puedes encontrar acá) no son más que el reflejo de la alegría que me produce el comunicar a quien le sirva lo que uno puede decir. Pero los tres implican harto trabajo, coordinación, y a través de las semanas, desgaste. Es por eso que estoy tan feliz con mi último experimento: el podcast de La Barbería.

En este podcast reduje el proceso de pre-producción, producción y post-producción al mínimo, buscando hacerlo lo más natural y afín posible a mi estilo de vida. Por eso no tiene fechas ni horas de publicación. No tiene una extensión de tiempo mínima ni máxima. ¿Y los invitados? Simplemente son las personas que me voy encontrando día a día, la gente que me rodea, porque yo estoy convencido de que cada persona tiene mucho que decir, mucho que entregar, y la recomendación que les obligo a dar es simplemente una ventana para poder mirar un poco dentro de cada uno de ellos.

¿Cuánto va a durar? Mientras salga naturalmente. Sin planes, sin objetivos, solo dejando que exista mientras necesite existir. De mí para quien se interese en escuchar.

Les dejo más abajo los capítulos del podcast por si se quieren sumar.

Saludos,

—Alfredo R.

Una historia inolvidable

Hay historias entretenidas, historias que nos sorprenden, historias que nos dejan con la boca abierta. Y hay una pocas, muy pocas, que nos regalan momentos en la vida que nunca vamos a olvidar. Gravity Falls es una de ellas.

Me la recomendaron mucho, en especial la María José Barros y Carlos Andueza (¡Gracias locos!) y como no me llamaba mucho la atención ponerme a ver una serie de monos animados (me encantan las películas, pero en las series suelo aburrirme) tomé la mejor decisión de mi vida: verla junto a mis hijas.

¡No, pero vela en inglés! ¡Te vas a perder muchos chistes y juegos de palabras! Sí, es cierto, me los perdí, pero a cambio gané una de las experiencias más ricas que he tenido como televidente: ver una serie perfecta, maravillosa, increíble, junto a mis dos pequeñas hijas.

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Hasta el momento he visto solo 3 series perfectas, que me han dejado sin habla y con el corazón en la mano. Dos de ellas no pude verlas por primera vez junto a mis hijas por razones obvias: Six Feet Under y Breaking Bad. Pero con Gravity Falls tuve la suerte, gracias al destino, de poder disfrutar cada capítulo junto a ellas y a través de sus ojos. Juntos nos reímos, nos asombramos, nos asustamos y vivimos la intriga. Ellas como niñas y yo como adulto y niño a la vez, gracias a ellas.

Acabamos de ver el último capítulo, de vivir la experiencia de culminación de una serie perfecta nosotros 6: La Sofi, la Anto, Dipper, Mabel, Stan y yo (bueno, y también Pato). Decidí no guardarme las lágrimas de emoción cuando el capítulo estaba terminando y mis hijas me vieron llorar mientras ellas también se emocionaban. Y entre lágrimas compartimos una sonrisa. Juntos vimos a nuestros personajes favoritos, esos que se convirtieron en verdaderos amigos luego de vivir el verano con ellos, abrazarse por última vez. Juntos como familia. Y vimos la serie terminar.

Entonces ellas explotaron de emoción. Lloraban, sin entender mucho lo que les pasaba, por un sentimiento que no entendían y que no podían contener en su corazón. El sentimiento que se vive cuando las buenas cosas terminan, cuando todo lo vivido se nos viene encima después de un adiós. Ese sentimiento de tristeza que solo existe como la otra cara de una felicidad infinita vivida durante un largo tiempo con quienes amas.

No sé por qué escribo este texto. Supongo que en parte quiero dejar un recuerdo de mi emoción como padre, para no olvidar aquellos momentos importantes de mi vida. Y en parte, igual que ellas, siento una gran emoción que me desborda y que necesito sacar afuera.

Historias como Gravity Falls son las que me hacen querer escribir. Porque historias entretenidas hay millones, pero historias que nos toquen y nos hagan vivir experiencias inolvidables siempre faltan. Son pocas y nunca serán suficientes.

Gracias Dipper, gracias Mabel, gracias Stan. Y gracias a la vida por permitirme disfrutar las cosas que más amo con mis hijas.

—Alfredo R.

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